Arte y arqueología para desvelar el origen de las bóvedas de crucería califales: ¿Bizancio de nuevo?

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Aunque probablemente la intervención califal en la mezquita de Córdoba ya estaba planeada en los últimos años de ‘Abd al-Rahmān III, fue su hijo el encargado de llevarla a cabo. Lo que para su padre fue la construcción de Madīnat al-Zahrā’, la erección de un palacio acorde a la dignidad del soberano, lo fue la ampliación de la aljama para al-Ḥakam II, que dotó a la mezquita de las características necesarias para acoger a un califa del Islam. En su primera decisión como gobernante, el día siguiente de morir su padre, Al-Ḥakam dispuso la ampliación de la mezquita.

En esta ampliación se añadieron al edificio doce tramos más, prolongando su longitud al máximo, lo que obligó a disponer un muro de contención de cara a la depresión del Guadalquivir, materializado en una quibla doblada. En el espacio resultante se dispusieron, al norte la cámara del tesoro, en el centro el miḥrāb habitacional y al sur el sābāṭ que comunicaba con el alcázar. A cada espacio se accedía por un vano de herradura, y sobre cada tramo correspondiente se disponía una bóveda de crucería califal. Al menos una más remataba los “pies” de la ampliación, la de la actual capilla de Villaviciosa, marcando ya el inicio de la ampliación o el lugar del icónico miḥrāb de ‘Abd al-Rahmān II. Las cúpulas se caracterizan por sus nervaduras que se cruzan, siguiendo diversos patrones geométricos, dejando un espacio vacío en el centro, donde remata una cúpula gallonada. Como resultado de la disposición de todos estos elementos arquitectónicos surge en el interior de la mezquita una verdadera maqsurah-basílica de tres naves con triple cabecera, lo que ha hecho suponer a autores como J. Dodds una influencia cristiana que pudo llegar vía el arte mozárabe, o quizá bizantina, si admitimos la presencia de arquitectos oriundos de Bizancio en la ampliación de al-Ḥakam, que habrían dispuesto la típica estructura de ábside flanqueado por prótesis y diakonikon. La celebración de ceremonias procesionales de dignatarios, exposición de objetos venerables y más tardíamente la procesión con el mítico Corán de ‘Uthmān, extrañas al mundo islámico en el contexto de una mezquita, también parece provenir de un contexto no musulmán., ya del cristiano-mozárabe o del bizantino.

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Partiendo del supuesto de que el origen de estas bóvedas no puede ser repentino y endógeno de la Córdoba del siglo X, por su complejidad y refinamiento, aflora la hipótesis de la importación de esta clase de estructuras arquitectónicas; y esta problemática viene de lejos. Amador de los Ríos afirmaba que el desarrollo de la arquitectura andalusí estuvo subordinado a los modelos bizantinos al menos hasta la época de Almanzor. En particular sobre las bóvedas, Romero Barros calificó estas cubiertas de “cobbas con cúpulas neo-griegas”, esto es, bizantinas.

No obstante esta teoría poco desarrollada del origen bizantino de las bóvedas de crucería califal fue abandonada en la primera mitad del siglo XX. Terrasse, prefirió, en el caso de las cúpulas de la maqsurah, atribuirles un origen mesopotámico, abasí, y las relacionó con la arquitectura de ladrillo: “La voûte nervée serait donc née au pays de l’architecture des briques, soit en Mésopotamie, soit en Perse oú elle survécu (…) sous la forme du pendentif á nervures”, aunque para el remate en forma de cúpula hemisférica gallonada sí admitía un origen bizantino.Esta interpretación fue asumida por otros estudiosos, como Lambert y Marçais, que vieron en estas arquitecturas préstamos del mundo abasí que llegaron a Córdoba a través de Ifriquiyā. Gómez Moreno les atribuía, sin concretar, un origen asiático, y citaba algunos ejemplos persas, armenios y sasánidas.

En esta línea Torres Balbás admitió el uso recurrente de bóvedas en las mezquitas aglabíes, aunque para él “las [cúpulas] africanas y las andalusíes pertenecen a distintas corrientes artísticas y presentan radicales diferencias”.Por ejemplo, para las cúpulas gallonadas no dudó que fueran de tradición bizantina.  Pero el modelo particular de las bóvedas de crucería califal, con nervios y cúpula gallonada, tuvo que ser una aportación específica del reinado de Al-Ḥakam II, que relaciona con otros préstamos abasíes de la época, como el arco apuntado, lobulado y entrelazado, aunque no se decide por un origen concreto, ante la problemática que presentan los paralelos presentes en iglesias armenias, y de las cubiertas persas de Isfahán.

Es a partir de los años 1980 cuando vuelven a relacionarse las cúpulas cordobesas con el mundo bizantino. Sorprendentemente, Pavón Maldonado propone un origen clásico o bizantino para la crucería califal, retrotrayéndose a partir de la aparición de diseños semejantes en dibujos y bocetos de Leonardo da Vinci (¡). Aunque su estudio, basado siempre en los patrones geométricos y decorativos, es discutible, no lo es tanto su conclusión de que, si no ya en el mundo antiguo, estas cúpulas debieron provenir del oriente griego medieval, por su “acusada personalidad bizantina”.

En los últimos años el principal defensor de la hipótesis bizantina para las bóvedas de crucería califal ha sido Antonio Momplet. En su manual de arte hispanomusulmán y en un artículo acerca de los arquitectos de la aljama ya planteaba brevemente las ideas que ha desarrollado más recientemente en un artículo monográfico sobre el tema, justificando el influjo bizantino en la arquitectura califal por la presencia de arquitectos y operarios bizantinos en Córdoba y las intensas relaciones diplomáticas establecidas entre el Califato y el Imperio, con una influencia mucho más allá de la decoración musiva. En el artículo que mencionaba, Momplet  incide en la más que posible filiación bizantino-armenia de los arquitectos que idearon  las bóvedas de crucería califales, con especial atención a los paralelos técnicos con la ingeniería bizantina y la arquitectura armenia.

En términos de ingeniería, en lo que respecta a la erección de las cúpulas, una de las técnicas utilizadas consiste en la disposición de travesaños de madera encadenados que constriñen la cubierta, reforzándola , como ha documentado Pedro Marfil,método desconocido en la Península pero recurrente en Bizancio, donde se utiliza para afianzar bóvedas y cúpulas, como explica R. Ousterhout, citado por Momplet: “The system of wooden ties, begun in the walls, continued into the level of the vaulting, where it became visible in the form of tie beams that extend across the springings of arches and barrel vaults” y continúa “Byzantine domes were normaly raised on windowed drums in which wooden reinforcement was employed. In addition to tie beams at the springing points, wooden chains that formed tensión rings were built into virtually every Byzantine dome.” Cómo puede comprobarse, este método es muy semejante al que se observa en las cúpulas cordobesas.

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En cuanto a algunas formas características, como la cúpula gallonada, Momplet le atribuye un origen bizantino, y ofrece el paralelo del célebre relicario de San Anastasio, procedente de la Antioquía bizantina, y datado en el siglo XI. Ya volveré sobre él más adelante. Continuando con su análisis, por los materiales empleados, básicamente la piedra, Momplet se inclina por el origen armenio de las cúpulas. En esta región, como en Anatolia y en Siria,  en la tradición local se tiende al uso de sillares pétreos, más que del ladrillo, más típico de Constantinopla y los Balcanes.En cuanto a la disposición de las cúpulas, alineadas en la cabecera en número de tres, es cierto que no existe paralelo en ninguna arquitectura bizantina superviviente de la época, pero sí en algunas representaciones, como el cetro de marfil de León VI.

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Con todo, el principal argumento para considerar el entorno bizantino, y en particular Armenia, como la creadora y difusora de las bóvedas de nervios cruzados, lo proporcionan sus arquitecturas mismas, donde técnica y formalmente se encuentran los paralelos más estrechos con Córdoba, aunque generalmente se consideren cronológicamente posteriores. En cualquier caso, las singulares características de la arquitectura armenia, como señala Momplet, radican en su posición privilegiada como “centro de conexión entre el Imperio Bizantino y el Califato abasí de Bagdad”. El vínculo que unía a esta región con Bizancio, al que fue anexada varias veces, era verdaderamente estrecho, y los armenios uno de los grupos étnicos predominantes en el Imperio, a tal punto de haber dado lugar a varias dinastías de soberanos. A nivel artístico, los arquitectos armenios gozaron de prestigio en la corte bizantina, donde se les ubica desde el siglo IX. Su principal representante es Tirdat, arquitecto de la catedral de Ani, que fue llamado a Constantinopla para consolidar la cúpula de Santa Sofía tras el terremoto de 989. Según las conclusiones de la tesis doctoral de J.A. Celik, citada por Momplet, habría que atribuir a este arquitecto Tirdat el monasterio de Aghpat, principal paralelo técnico, formal y cronológico de las bóvedas califales de Córdoba.

A este respecto considero que queda poco por decir acerca del origen de estas cubiertas monumentales. Solamente quisiera puntualizar algunas cuestiones, recordando siempre la noticia ya citada de arquitectos y geómetras bizantinos en la Córdoba califal. La primera, sobre la cúpula gallonada. Suele hablarse de su origen bizantino vía la mezquita de Qayrawān, cuya cúpula se cita como precedente. Sin embargo, si pasamos a considerar paralelos bizantinos del mismo periodo, existe un ejemplo destacado y ligeramente anterior a las cúpulas gallonadas cordobesas, que documenta la continuidad de este tipo de cúpulas en Bizancio en el siglo X. Se trata de la cubierta cupulada original de la iglesia de Myrelaion en Constantinopla,  capilla y mausoleo del palacio del emperador Romano I Lekapeno, hoy mezquita de Bodrum. Por lo menos desde entonces estas cúpulas gallonadas fueron muy populares hasta el final del Imperio, cuando alcanzan su mayor expresión en el monasterio de Chora.

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En segundo lugar, me parece conveniente añadir alguna consideración acerca de las cúpulas armenias de nervios cruzados. Si se admite que Aghpat, con sus dos pares de nervios que se cruzan dejando un espacio central, donde se repite la estructura en una linterna, a menor escala, es una obra de la segunda mitad del siglo X, entonces no sería descabellado plantearse la presencia en Córdoba de un arquitecto formado en esta tradición. De ser así, lo que se manifestó en Córdoba no es más que el refinamiento del modelo original, basado en nervios que se cruzan dejando un espacio en el centro a partir de un patrón geométrico originado de un tambor poligonal. Persiste, sin embargo, la brecha cronológica, porque en Armenia sólo aparecen cubiertas verdaderamente análogas a las cordobesas unos ciento cincuenta años después de que se ejecutara la ampliación de Al-Ḥakam II en la aljama. No obstante, estos son, a pesar de la distancia temporal, paralelos mucho más cercanos que las bóvedas persas de Isfahán, también posteriores. Pienso en los ejemplos referidos por Cuneo, como los de Gošavank, Xoranašat, Nelucivank’, Ktu’ Anapat, Xorakerti Vank’o Darašamb, construidos entre los siglos XII y XIII. Los patrones estrellados, en Córdoba octogonales y en Armenia hexagonales, el uso de la piedra en nervios y plementos, exacto, y la forma en que apean los nervios en el tambor, resultan a mi entender demasiado semejantes para que descartemos una conexión entre ambas tradiciones y hablemos de simple casualidad.

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Además de esto, existen algunas descripciones extrañas de edificios en el Gran Palacio de Constantinopla que pueden recordar a lo que encontramos en Córdoba. Un edificio particular llamado Mojroútas es descrito por Nicolás Mesarites durante su relato del golpe de estado de Juan Komneno el Gordo en 1201. Según Jean Ebersolt debe datarse en el siglo XI, y tenía la siguiente forma: la cubierta remataba en una serie de cúpulas con elementos pinjantes y arcos decorados con mosaicos de colores ricos sobre fondo de oro que lo hacían parecer un arco iris. Aunque se tiende a relacionarlo con las cubiertas de mocárabes, que habrían sido importadas tempranamente del mundo selyúcida, la descripción es ambigua y podría plantear un paralelo con lo construido en Córdoba.

Autor: Alfredo Calahorra

 

Para saber más…

Concepción ABAD CASTRO, “el “oratorio” de al-Ḥakam II en la mezquita de Córdoba”, en Anuario del departamento de Historia y Teoría del Arte, vol. 21, (Madrid: Universidad Autónoma de Madrid, 2009), 9-29.

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Paolo CUNEO, Architettura Armena, Vol. I y II (Roma: DeLuca Editore, 1988).

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Antonio MOMPLET, “De la fusión a la difusión en el arte de la Córdoba califal: la ampliación de al-Ḥakam II en la mezquita aljama”, en Anales de Historia del Arte, vol. 22, Nº especial 2, (Madrid: Universidad Complutense, 2012), 237-258.

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Un comentario en “Arte y arqueología para desvelar el origen de las bóvedas de crucería califales: ¿Bizancio de nuevo?

  1. María Álvarez Gómez

    La hipótesis planteada, tanto por los historiadores como por el propio autor de este artículo, está más que justificada con la bibliografía aportada, amplia y relevante para la cuestión a tratar. Desde luego, lo más interesante es la relacion constante entre los elementos formales de la Mezquita de Córdoba con su correspondiente cita bibliográfica, explicada y documentada de una forma didáctica y accesible.

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