Martín V y el resurgimiento del papado: intervenciones en el Vaticano.

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pisanello2c_copia_da_ritratto_di_martino_v_28galleria_colonna29Con Martín V se abre una nueva época en la historia de la Iglesia Católica. La corte papal se desplaza desde Aviñon a Roma, como ya hemos mencionado con anterioridad, y es entonces cuando se hace necesario reconstruir la ciudad debido al estado ruinoso de esta, recogidos en esta frase del papa a su llegada a Roma: «la encontró tan deteriorada y desierta» que «apenas recordaba a una ciudad. Las casas estaban en ruinas, las iglesias se habían derrumbado, había barrios enteros vacíos; y la ciudad estaba abandonada y acosada por la hambruna y la pobreza».

 

Martín V se enfrentaba a problemas como la falta de suministro de agua, la miseria que se hacía patente en las calles y una población que no superaba los 17.000 habitantes y vivía hacinada en barrios humildes cercanos al Tíber, conocidos como la abitato.

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Ademas, la propia estructura de la ciudad organizada en colinas suponía un problema añadido a la hora de intentar unificar los espacios públicos. Los edificios estaban en mal estado y las infraestructuras (pozos, puentes, etc) inutilizables. Es entonces cuando Martín V plantea que la ciudad ha de ser despejada y planificada de nuevo. Para ello se va a ayudar de la figura del magister aedificorum et stratorum urbis, también conocidos como maestri di strada. Antes de la intervención del papa, los magistri aedificorum actuaban como encargados municipales cuya labor principal era el mantenimiento de las carreteras, la limpieza de las calles, cloacas, la reparación de puentes etc.

Martín V y sus sucesores van a reorganizar de forma continua  este cargo mediante estatutos o bulas papales. Es el caso del estatuto de marzo de 1422, en el que además de ponerlos bajo su potestad, les confiere el privilegio de demoler los edificios para así agilizar el proceso de restauración de Roma. Sin embargo, el hecho de destruir algunas construcciones para restaurar otras no deja de ser algo contradictorio cuando lo que se pretende es restaurar una ciudad.

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Mapa de Roma, s. XV, Taddeo di Bartolo (Siena, Palazzo Pubblico)

Nicolás V les otorga aún más poder, permitiéndoles controlar todas las obras de la ciudad y el 30 de junio de 1480, el papa Sixto IV va una bula por la que este cargo cobraba aun mas relevancia: al añadido derecho de demolición se añadia ahora entre sus funciones el derecho a la expropiación. Somos testigos de la creciente importancia del cargo de estos maestri di strada, que a finales del siglo XV ya eran un cargo hereditario. A medida que el tiempo avanza,  nos encontramos un papado que lentamente se va haciendo con el control de la administración municipal.

Lamentablemente, de la obra de Martín V no ha sobrevivido casi nada debido a las sucesivas reformas y destrucciones que tuvieron lugar durante el siglo XVI. Tenemos noticia de que en 1425 él mismo promulgo el famoso breve mediante el cual autorizaba la reutilización de materiales como el mármol y la piedra. Estos spolia, utilizados sobre todo en la basílica lateranense, procedían en su mayor parte de iglesias de los siglos XII y XIII y era una práctica habitual en la época que seguía las directrices de los planes urbanísticos de principios del Quattrocento en Roma.

En cuanto a la basílica de San Pedro, las fuentes nos indican el estado ruinoso del edificio y la gran importancia del proyecto de restauración. No nos sorprende este hecho, ya que se trataba de uno de los templos más importantes de la ciudad. Si analizamos el conjunto de las obras de restauración y renovación de Roma, comprobaremos que estos tres edificios (la Basílica de San Pedro junto con Santa María la Mayor y la Archibasílica de San Juan de Letrán) son lugares clave para el culto de la Iglesia romana y que durante los primeros años del Quattrocento van a jugar un papel fundamental porque es aquí precisamente donde se realizan las primeras obras y renovaciones de un programa urbanístico que perdurará a lo largo de los siglos.

La importante obra de Martín V aquí simplificada significa el comienzo de un gran proyecto que siglos después devolvió a Roma su título de caput mundi.

Carlota Castro Nogueiras

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