Una Apoteosis de Heracles en el MAN

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Las escenas mitológicas sobre la vida de Heracles fueron especialmente populares tanto en el mundo griego como en el mundo romano ya desde época arcaica hasta la antigüedad tardía. En esta escena apoteósica, se muestra el cortejo que acompaña al héroe cuando por fin es aceptado entre los dioses. Heracles aparece aquí parcialmente oculto por su protectora Atenea, sin embargo es reconocible por la clava que reposa sobre su hombro, aludiendo a uno de sus primeros trabajos. La diosa aparece claramente identificada. Lleva el casco, la égida y sostiene la lanza en una mano mientras sube al carro junto a su protegido. Una figura masculina no barbada desfila frente a ellos. Es Apolo Citaredo portando la cítara que le caracteriza.

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Apoteosis de Heracles, crátera de figuras negras, círculo del Pintor de Antímenes, época arcaica, inv. 1999/99/48. Hoy en el MAN. 

En esta escena apoteósica, se muestra el cortejo que acompaña al héroe cuando por fin es aceptado entre los dioses. Heracles aparece aquí parcialmente oculto por su protectora Atenea, sin embargo es reconocible por la clava que reposa sobre su hombro, aludiendo a uno de sus primeros trabajos. La diosa aparece claramente identificada. Lleva el casco, la égida y sostiene la lanza en una mano mientras sube al carro junto a su protegido. Una figura masculina no barbada desfila frente a ellos. Es Apolo Citaredo portando la cítara que le caracteriza.

 

Se ha identificado a la figura femenina que acompaña al dios como Ártemis, probablemente porque ella es una deidad de la caza y Heracles un cazador de monstruos. Esperando a la comitiva, sedente, se halla otra figura masculina, barbada. Es Hermes, fácilmente identificable no solo por el caduceo sino por sus sandalias aladas.

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El thíasos dionisíaco

 

En el reverso de esta crátera aparece un thíasos dionisíaco presidido por el propio Dionisos que ocupa la parte central de la composición y cuatro acompañantes: dos ménades y dos sátiros a ambos lados. Dionisos, coronado y barbado, aparece ataviado con un hymation. En su mano izquierda sostiene la copa, de la que brotan sendas vides. A su alrededor las ménades bailan, extasiadas, al son de la música del aulós, o doble flauta, que toca uno de los sátiros.

El tema de la “divinización” de Heracles se fija durante los siglos VII y VI a.C.  por lo que esta obra de época arcaica podría entenderse como una de las primeras iconografías de la apoteosis de Heracles, que irá cambiando a lo largo de los siglos hasta pasar al mundo romano cuyos ejemplos más sobresalientes incluyen el mosaico que se encuentra en el gran triclinium de la villa del Casale que data de principios del siglo IV d. C.

Carlota Castro Nogueiras

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